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April 28, 2006
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Issue 17
 
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ENTRE LATIN@S By Florentino M. Lopez
Cuando el hilo de la esperanza se rompe
[Este texto es colaboración de Carla Maria Montoya.]

A principios de los años 80's el mundo se estremeció con la llegada del sida y sus efectos devastadores. Cientos de personas cayeron victimas de un flagelo que parecía no tener fin ni solución. Mientras grupos sociales y religiosos se atacaban unos a otros tratando de encontrar una causa y un culpable, miles más continuaban cayendo. Algunos gobiernos, autoridades y sociedades voltearon sus ojos a las victimas y los dejaron en la más oscura experiencia que puede existir: indiferencia ante el dolor.

Con el pasar de los años, 25 años han pasado, la indiferencia ha ido cambiando de un estado de completa ignorancia a un estado de una conciencia ignorada muchas veces. Ya hoy en día no se ven a miles de personas muriendo en los hospitales debido a la falta de medicinas, los gobiernos han abierto hogares de ayuda y los empleadores se han convertido en aliados y simpatizantes frente a esta tragedia que ha pasado de ser una hecatombe social a una enfermedad crónica como la diabetes o la hepatitis. Para algunos, la enfermedad ha abierto puertas de conciencia y dignidad que los ha llevado a convertirse en portavoces de los sacrificados de este mal para que aquellos que no han sido afectados directamente por esta enfermedad no permanezcan indiferentes ante lo que pasa. Y no es que este flagelo haya dejado de ser peligroso, lo que sucede es que después de tantos años de lucha en contra de la enfermedad y el contagio debido a la ignorancia de la enfermedad hoy en día nos vemos enfrentados una epidemia peor: la inconciencia. Hoy por hoy vemos entidades gubernamentales, políticas, filantrópicas e inclusive militares que están en pie de lucha en contra de la enfermedad. Muchas de estas organizaciones se han unido mano a mano y pie con pie en tratar de erradicar este flagelo. Millones de dólares se invierten año con año en busca de implementar medicamentos que logren mejorar la calidad de vida en los portadores de la enfermedad y del virus; otra gran cantidad de dinero igual se invierte en busca de una vacuna que pueda curar la pandemia y así aliviar el alma y la vida de aquellos que han caído victimas de tal catástrofe.

Sin embargo, mientras muchos luchan en contra de la enfermedad, miles otros sencillamente no toman conciencia del mal que nos afecta y han vuelto a las antiguas prácticas de riesgo, sexo sin protección. Muchos dejaron atrás el miedo a la enfermedad y sencillamente la han pasado a ver desde un punto de vista no mortal pero si tratable; y debido a esta postura hoy en día vemos un aumento alarmante de contagios y enfermos entre grupos sociales que antes eran poco afectados por la enfermedad. Hoy en día vemos a jóvenes adolescentes que aún no terminan su secundaria enfermos por el virus, jóvenes madres que engendran víctimas del flagelo, madres de hogar que se enfrentan a una dura realidad de saber que pronto morirán debido a la enfermedad que sus esposos trajeron a casa de regreso de unas vacaciones de fin de año y que sufren no solo por los efectos devastadores del virus sino por que también deben preocuparse por el futuro de sus hijos que quedaran solos en esta sociedad.

Mientras muchos de nosotros nos preocupamos por nuestra salud muchos otros han pasado a tomar la enfermedad como un deporte e incluso un deporte de riesgo donde la adrenalina pulula por los poros de la piel. Muchas personas se preparan cada fin de semana para una serie de encuentros sexuales anónimos donde se cubren las caras pero destapan el cuerpo y lo entregan a quien desee tomarlo sin condición alguna más que tener sexo sin protección. El crecimiento alarmado de paginas de Internet y revistas pornográficas que se especializan en actos sexuales sin protección ha ido en aumento día por día. Pareciera que lo que tenemos por cierto que es la prevención, el hacerse la prueba y el uso del condón no interesara más.

La sociedad de hoy enfrenta muchas paradojas. Por un lado queremos evitar y erradicar la enfermedad, por el otro demandamos placeres que por si solos implican un riesgo para vivir.

Ahora no sólo tenemos que luchar en contra de la enfermedad sino también en contra de aquellos que pretenden ignorarla y esparcirla. No sólo por el hecho de ser fuertes y valientes significa que jamás caeremos victimas de este flagelo y no sólo por que sean otros los que están enfermos significa que jamás yo lo estaré. La esperanza de encontrar una vacuna a la enfermedad sigue vigente pero también tenemos que encontrar cura a una enfermedad peor que es la indiferencia frente a la prevención.

Ante el sida y las enfermedades de transmisión sexual existen opciones viables y que no requieren de mucho esfuerzo. Una de ellas se llama voluntad, prevención y conciencia.

No olvides que en Entre Hermanos tenemos talleres mensuales sobre prevención y temas de sexualidad. Y si de condones y lubricantes se trata, Entre Hermanos tiene por montones para ti y tu pareja. Visítanos en 1505 Broadway, Seattle, Wa. 98122. Tel. 206 322 77 00.
 

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